La buena noticia es que Michael Schenker sigue en forma. Atrás han quedado años sombríos y algunas giras con conciertos desiguales. Como pudimos comprobar el año pasado Michael, delgado hasta el extremo y con las huellas clásicas del paso del tiempo, en su cuerpo no solo conserva su increíble maestría y su finura tocando sino que se le ve feliz. Interactúa con el público, sonríe constantemente mientras se mueve de un lado al otro del escenario e incluso tuvo gestos de complicidad con los espectadores de las primeras filas que le enseñaban las caratulas de los discos clásicos. [ crónica ]
